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Un cliente cualquiera


Era un cliente casi como cualquiera, él también iba a tomar café por las tardes a la cafetería, él también tenía algo de soledad y tiempo de sobra, pero él, como otros no, de vez en cuando iba a verme a mí, cajera de supermercado. 

Eran los años de alsuper, de Sergio González y su amor de "hermanos" con regalos, rosas y suspiros de por medio; de no pensar, igual que ahora, en un futuro más allá de la hora de salida, de preocuparse de todo menos del tiempo y el porvenir. 

Alfredo, el cliente, mi cliente me dijo una vez, tenía otra idea del tiempo, viudo y padre solo, trabajador y cocinero, serio y con el mismo calzado que mi papá, esperaba no terminar solo la vida, a mí, como siempre, eso no me impactó. 

La última vez que lo vi, hace quince años, antes de que cerraran esa cafetería, se plantó ante mí y me dijo de la nada "un día voy a casarme con usted, ahora no por su bebé", y yo que no le había dicho aún a nadie de mi embarazo me quedé helada, quizá por eso intercambié celulares con él. 

De vez en cuando me llamaba para decirme que, no sé por qué, me quería mucho, hasta que perdí el número del celular cuando se acabó el plan y no lo renové. Quise llamarle algunas veces, pero el no saber qué decirle me enmudeció. 

En silencio me decía que si era el destino verle de nuevo, ahí estaría, a la mano, a mi alcance, en una mesa de Galerías, su nuevo punto de reunión, donde todas las tardes se encuentran los señores llenos de tiempo libre y recuerdos, para tomar café o leer el periódico, o aparecerse de pronto por el departamento de discos, curiosamente buscando el mismo artista que uno, luego de 15 años, de arrugas y kilos, del mismo miedo de toparse con un tipo tan decidido y quedar en silencio, aunque con la convicción de que si antes quería casarse con una veinteañera, ahora seguramente querrá hacer lo mismo...

Y cuando te vayas...



Y cuando te vayas llévate todos los poemas, las caricias que soñé regalarte, los suspiros que llenaron las noches cuando más te pensé; no me dejes la libreta abierta, y en la banca del parque todas las luciérnagas del mundo que volaron tras de ti…

Tan poco tiempo y aprendí a medirte la respiración, tus preocupaciones y tus descansos, y siempre me faltaban horas para recontarte las pecas y el parpadeo de tus ojos cafés… 

Tanta la distancia y te quedaste adentro como un dolor de siempre, como si no fuera apenas ayer cuando te conocí y sin pensarlo, sin quererlo, te hice de mí…

Tan cobarde y nunca dije te quiero, ni te miré a los ojos para no traicionar al corazón, para no esperar una respuesta ni salir de esa fantasía que me tenía, me tiene, siempre pendiente de ti…

Y no sabes las ganas que tenía de decirte no te vayas, quédate más, aunque seas tan ajeno y sea el silencio el que hable por mí, aunque los poemas sigan danzando todas las noches a tu alrededor…

Frenesí



Era como un frenesí, que me entraba por el oído derecho y hacía nido justo ahí abajito donde ya dejaba de ser yo si temblaba. Cada vez que me llamaba cabrona y me echaba esas miraditas como de “aquí te vas a morir”, era una urgencia decirle “mátame ya”, y entonces apagar la alarma y soltar maletín y miedos, descoser las amarras y dejarse caer, lo más hondo, lo más oscuro, más allá.
De semana en semana y hasta meses enteros si la cuenta estaba en rojos, las miradas y las palabras se encontraban, y aún así aquello era más que una simple sumisión, como un falso trámite cuando se sabe que ya todo está perdido.
Apenas lo escuchaba y entonces ya era suya, convertía ese momento en mi “para toda la vida” aunque afuera las calles eran un caos. 
Yo que nunca he esperado ni contratos ni calendarios congelados, un solo instante en sus brazos y ya, el cielo se nubla y los truenos caen al mismo tiempo, mientras un rayo me surca de cabeza a pies, como lámina de mil hojas que me parte el cuerpo a la mitad, y un grito se regala poderoso a la tierra entera, en el julio más ardiente, bajo la noche que se llena de estrellitas y suspiros de sal, mientras tu voz se va perdiendo "cabrona, cabrona, cabrona…"

Se solicita nuevo muso


Que se presente bien y sea atento aunque viva lejos, que sea firme en lo que quiere y en lo que ya no, pero que no sea insensible. La falta de seriedad a nadie atrae.

Que sea juguetón y chistoso si quiere, pero no inmaduro, que hable de frente y se guarde los miedos para después. La historia, como la vida, no es eterna y cuando se pierde el tiempo, ahí va también la vigencia y el interés.

Que sepa cómo se construyen los poemas a media noche, mientras afuera llueve, con palabras lindas y no con pretextos; que si su corazón late sin control diga que es por amor, emoción o gusto, y que finja que no es una taquicardia. La indiferencia daña más que nada. Debería saberlo.

Que no tenga reparos en decir lo que siente o lo que opina, para llenar el texto de colores y de flores, de lluvia si quiere, pero no de lágrimas o confusiones. No son divertidas.

Que inspire romanticismo, pasión o enojo, lo que sea es bienvenido, menos la tibieza, la apatía y el disimulo. No aportan nada y sólo logran algo flojo, malo, patético.

Que sepa hacer frente a lo que provoca, sin huir ante el delirio o el fracaso sin siquiera explicarlo; un muso débil, orgulloso, reservado no ayuda y sólo crea ansiedad.

Que sepa que no debe enviar mensajes erróneos o dibujar corazones y esconder el lápiz; o es sí y se mantiene o es no y lo deja claro, pero jugar al motivo para luego romperlo no va.

Que su signo no sea leo ni su nombre inicie con S, ni sus ojos embrujen y sus brazos sean imanes, resulta luego muy complicado conciliar diferencias y dejar de lado los suspiros, los afanes, los deseos.

Que si aparece luego de veinte años en una noche de marzo, con mil recuerdos en la mano y creando un terremoto en el corazón, o se pone serio y colabora, o que no rompa la madre con pendejadas.





Reciclaje

A falta de mejores ideas y un cuaderno nuevo, también recurro al reciclaje. Rehúso las palabras de ayer que fueron para otro y hoy te las cuelgo a ti. No te preocupes, llevan el signo de no retornable. Así de útiles fueron. Igual servirán ahora. También puedes dividirlas si quieres. Algunas seguro te darán ánimo, otras sin duda irán al bote de lo inorgánico. Ponte listo y sepáralas bien. 


Tampoco son muchas, no creas que me gusta desperdiciar. Apenas las suficientes que el alcohol alcanzó anoche a sacar, porque ya estaban a punto de convertirse en un verdadero reguero de aes, emes, oes, eres y demás.

Puedes tenerlas, botarlas, recogerlas de nuevo si te nace, ni siquiera podrán magullarse. Lo que no puedes ni debes hacer, es rehusarlas tú. No se vale. Ya fueron de alguno, tal vez eras tú mismo, hoy fueron para ti quizá otra vez, pero el reciclaje no alcanza en botaderos ajenos. Aún no me da para la miscelánea. 

Si te place ponlas bajo la luna toda la noche, si no, mañana bótalas muy temprano. No pasará nada. Se irán de nuevo, sin lograr nada. Sin contestarse ni transformarse, pero sin molestarse ni perder un ápice el sentido del que ya mismo carecen. No te preocupes, entenderán si quieres leer algo peor.

Y un día será...



Y toda la noche rodaron tus besos, gotas tibias de cercanía, voces lejanas que recuerdan lo que un día será, no te vayas nunca dice el viento, y desde la ventana
se cuela la luz la luna...

Y todo el tiempo guardé para ti los sueños, las palabras y los abrazos que nunca
te di, tan grande es la ausencia, y en la oscuridad cantan los grillos...

Y toda la vida he soñado con tenerte cerca, ser una sola sombra que cubra
la pared, mientras la luna se esconde y el silencio se llena de amor...

Face look





Unas cuatro o cinco veces voy a tu muro cada hora, para espiar tu biografía, tu estado y hasta tus amigos. De vez en cuando te etiqueto en publicaciones que te dicen todo, y luego las borro para que no quede huella, que no que no. Aunque si tienes activadas las notificaciones por correo, seguramente ya sabes que una noche de agosto no pude más y fui a tu muro para llorar mi soledad, mientras cantaba entre hipo y tos aquella rola que una vez posteé en mi muro y dice que "y tanto que antes te había perseguido hasta el mismo fin del mundo...".

De vez en cuando también te escribo notas, que dicen tu nombre entre líneas, aunque nada te digan, porque nada te mueve ni los Me gusta, ni que cambie mi foto de perfil cada mañana, buscando la pose que te haga venir un día y decirme hola, me gusta tu estado y quiero compartir.

Unas dos o tres veces a la semana cambio mi estado, para ver si soltera te atrae, viuda te parece interesante o casada te provoca aunque sea tantitos celos; aunque casi siempre lo dejo en "es complicado".

Otras dos veces acepto cada aplicación que me envían y juego cada novedad que descubro, para ver si un día de estos el retador eres tú, y entonces pueda chatear contigo de tonterías que pasan sólo en el feis, del tipo "ya llegaste a ese nivel?", "mándame energía", "ya viste el muro de fulanita?", cosas así.

Más de cien posts he dedicado a ti y tú ni tus luces, o las apagas y te vas con cuidado, o de plano hay una ceguera en ti, que de todos modos no me aleja, si la red es lenta pero segura, tan social como irónicamente solitaria.

Sólo una vez lo diré de nuevo, aquí estoy, a un clik de ti, a un inicio o una foto de perfil, y si todo te parece locura, nada más look en mi face la desesperación porque no te dejas feisbuquear; en la face nada hay qué ocultar, así que sé mi amigo ahora o te bloqueo para siempre...

Extra! !Extra!


Desde el momento en que vio pasar al voceador en completo silencio, el licenciado sintió algo extraño dentro de él, fue apenas como un golpecito leve en el estómago, pero le hizo salir corriendo para darle alcance. Tanto tiempo leyendo periódicos y revistas, entregada su vida a la comunicación para soportar ahora que un mocoso no le avisara cuando llegaran las noticias.

Como cada domingo se había levantado temprano, para esperar los tres rotativos que compraba todos los días, y ya con ellos en la mano, en la comodidad de la sala se aprestó a leerlos, echando antes una miradita a su computadora que, como le gustaba estar muy bien informado, permanecía encendida el día entero aguardando las últimas noticias de todo el mundo.

Con verdadero terror vio que nada contenían las planas de papel revolución. "Con razón el voceador no gritó hoy las noticias" se dijo. No había ninguna. En las páginas sólo se apreciaban los bordes y las tablas, los espacios para los 'pies' y los sumarios, sólo líneas diseñando nada. Buscó en todas las hojas de los tres diarios y justo en ese momento, la computadora se apagó. "¡Carajo! ¿Qué está pasando aquí?" Se preguntó, mientras sentía otra vez el golpecito por dentro que ya no era tan leve, sino que poco a poco iba subiendo de intensidad hasta amordazarle la razón.

"¿Cómo puede ser que no haya novedades?, si siempre pasa algo, siempre hay ejecutados, temblores, suicidios, marchas, una boda famosa por lo menos, y ahora… ¡nada! ¿Pero cómo chingados puede ser esto posible?".

Casi temblando, llamó por teléfono a algunas agencias noticiosas, pero fue inútil. Sorprendido se dio cuenta que aquello parecía un plan malvado en su contra: en ninguna hubo alguien que contestara el teléfono.

"Me quieren volver loco, esto no puede ser, aaahhh..."

La ofuscación que sintió de pronto le fue ganando por completo, y sus músculos se tensaron provocándole un intenso dolor. Con gran esfuerzo logró caminar hasta su escritorio, sólo para tirar el teclado de la máquina al no poder accionar los dedos, engarrotados por el coraje y la frustración.

Sentado ya en la sala, respiraba fuerte, buscando una solución a aquel desconcierto. Algo tenía que hacer, se decía, no podía permitir que aquélla especie de locura le impidiera leer algo en algún suplemento, no ahora, no después de dedicar casi 30 años de su vida a escribir para diversas publicaciones y en todos los temas. Hasta cartonista fue cuando no hubo quién lo hiciera, porque su experiencia e imaginación le habían permitido saber desde nota roja hasta espectáculos, pasando por las notas editoriales que tanto trabajo le costaban y que odiaba en secreto: "nadie las lee, ¿para qué las escribo?", llegó a decir. A todo se dedicó en cuando menos cinco periódicos de su ciudad y hoy de esos cinco, no recibía ni el saludo de la directiva.

"Claro… ya lo tengo." Una idea irracional se fue apoderando de todo su ser, con tanta pasión y furia que, de pronto y sin poder explicárselo, se levantó con una fuerza nueva que sólo podía surgirle de la sin razón. Salió de su casa, pasando antes por la cocina y sin cerrar con llave.

Tres días después, en una celda fría, el licenciado esperaba ansioso que le llevaran los periódicos. "Por favor, los diarios… No quiero llamadas, sólo quiero que me presten todos los que salieron desde el lunes hasta hoy, completos si me hacen el favor."

En cuanto los tuvo, con sumo deleite se sentó en el suelo, como anticipando una excelsa ceremonia, abrió las páginas y comenzó a leer los encabezados:

"Viola licenciado a una menor"
"Saquean casa-habitación de excomentarista"
"Atropella a varios participantes de una marcha"
"Irrumpe en su antiguo empleo, se lleva hasta las hojas"
"Ejecutan a reconocido abogado, sospechan de su mejor amigo"
"Atacado por una pandilla, sujeto pierde los dientes"
"Explosión en residencia, se presume una fuga de gas"
"Prisionero, afamado periodista"

Acupuntura



Diez meses se pasan como si nada, cuántos mensajes habré ahorrado, aunque de pronto extraño que tu voz no se escuche más a las tres de la tarde, cuando la sombra no logra cobijarme de este sol infernal.

Carne con papas, nada difícil, sólo basta un poco de sal y ya no estás de nuevo, las decisiones son más fáciles sin un ancla, sobre todo cuando la lluvia cae y a mi lado pasa una mosca volando. Me recuerda tus noches en vela buscando leche tibia, queriendo devorar de un golpe los libros que en el día te quemaban.

Hoy fui de nuevo a la consulta, nadie me esperó con la cara larga y eso que tardé más de lo normal. Traigo mis dos puntos para la ansiedad, otro más para el estrés y la tranquilidad; pero nada para el mal de amores, las peores labores, la apatía y el desencanto; nada para lo estático, el abandono, la mediocridad y el miedo terrible a no salir nunca de ello.

Nada me puso para dejar a un lado las citas frustradas, para los bolsillos vacíos y la fiebre nocturna, nada para la angustia de perder la libertad por si acaso se te ocurre volver.

Por si la luna



La luna me causaba miedo. A él le daba placer. Decía que cuando la luna brillaba me deseaba más. A mí, cuando se llenaba, me daban ganas de llorar. Casi como ahora…

Anoche también había luna. Quiso enredarse conmigo. Quería sexo, descubrirse el cuerpo y hasta el alma, según él. Algo ocurrió. Me tomó a la fuerza. Ni siquiera la vi. Sólo sentía mucho temor. Y lloraba.

Al final creo que él también lloró. Quedó tendido en la calle. Miraba a la luna. Y a mí el miedo se me quitó.
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Soy, en compañía... Dueto



Rogelio Coto Alfaro
Costa Rica

Soy el viento
que bordea tu espalda
acaricia tu cintura y
rodea tu torso.

Soy el viento
en el que se deslizan
historias pequeñas
que te frotan las orejas.

Soy el viento
que lleva y trae,
calma y apacigua;
y sobretodo
encuentra respuestas
en el sudor enamorado
que se vuelve rocío
cada vez que humedeces
mi mundo...
.
.

Flora Isela Chacón
México

Soy la piel despierta, atenta
a tu tacto y a tu visita cada noche
cuando envuelves mi espalda
apenas con un roce tibio…

Soy el laberinto
donde se resbalan tus historias,
enroscándose en el caracol profundo del silencio…

Soy el nido donde tu camino termina,
donde tus preguntas se vuelven susurros
y nuestros mundos se hacen una sola humedad…
.

Sí, pero...


Esa era la segunda vez que platicaba con él en persona, luego de mandarnos mails durante dos años. Me invitó a ir a un lugar solos los dos y yo le iba a decir que por quién me tomaba, pero me dio pena que pensara que era una mocha y le dije que sí.

Toda la tarde se la pasó viendo el futbol y tomándose las cervezas que pensé eran para desvanecer los miedos y suavizar el trámite; yo le iba a reclamar que si para eso me había invitado, pero me dio pena que pensara que era una urgida y mejor esperé.

Lo malo de lo que siguió no fue que hubiera funeral en lugar de entierro, como luego dicen, sino que él se acabó la noche tratando de revivir a su muerto nombrando a Pamela Anderson en lugar de comenzar de cero; yo le iba a ayudar, pero lo vi muy entretenido con sus imágenes y mejor me hice la dormida mientras pensaba en Johnny Deep. Al fin las películas porno y los masajitos dieron su resultado y de pronto lo vi preparándose por tercera vez.

“Ahora sí” me dijo, como si esas fueran sus palabras mágicas. Yo le iba a decir que ni madres, que ahora yo era la que estaba más fría que nada, pero me dio lástima por todo el esfuerzo que había hecho y no me quedó más remedio que cooperar.

Hace dos días me lo encontré de nuevo y con gran emoción, no sé por qué, recordó la noche de nuestro “encuentro”, y me invitó a repetirlo. Yo le iba a decir que sí, para que no pensara que me había hecho sentir mal, pero me dio mucho coraje ver que ni siquiera sentía un poquito de arrepentimiento, y mejor lo mandé a la chingada.
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MIEDOSO

Camino lentamente. No quiero llegar. Me falta el aire. No puede ser tan malo, me repito una y otra vez. Procuro ni mirarla. El sólo pensarla me da escalofríos. No imagino qué será después.
Ella está desnuda. Me mira. Sé que está enojada. Su cara se transforma y yo quiero huir. Si tan sólo lo hubiera pensado más. La gente susurra. No se quiere ir. El circo es tan cómico como triste este minuto.
Al fin llego. Digo que sí aunque quiero decir que nunca. Ella me mira otra vez. Se voltea. Ahora está vestida. Ahora está cercana. Ahora sé que esta era mi suerte desde siempre. Y que sólo es de nuevo, la misma pesadilla de casarme en una iglesia.
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Caminantes



Iban con su mirada fuerte
la palabra justa, el grito certero
con pancartas llenas de cruces
de nombres que se han vuelto números
30, 40, 50 mil, qué más da
el dolor es el mismo
la petición es una sola
que se acabe la violencia
no más sangre…

Se les vio pasar en silencio a veces
con la ignominia encima
con consigna algunos
y nadie fue inmune a su paso
al menos para sumarse al enojo
a su convicción por lo correcto
la petición de un alto a la inseguridad
la unidad de cientos, miles
con la esperanza infinita de paz
y un camino que no acaba…

Tengo...

Tengo...
Tengo este día y la noche de ayer, el recuerdo de lo que ha sido y la esperanza de mejorar; tengo mis libros, mis líneas y un sinfín de recuerdos para recuperar; un moño azul para no olvidar mis pendientes y la luna en el patio para las noches de abril.

Tengo la canción de la mañana y las pantuflas de estambre que mi mamá tejió, los dibujos de mi hermana y la sensatez de la otra, la cerrazón de mi apá y hasta las falsas promesas de mi hermano menor.

Tengo la certeza de lo que soy y hacia donde quiero llegar, más de veinte hojas nuevas y mil más por llenar, tantas historias por crear y un mundo para inventar.

Tengo amigos para reír, conocidos para sonreír, enemigos para crecer y hasta uno que otro enamorado para vivir; un cariño que me abraza en las mañanas, y un amor que sólo aparece por las noches.

Tengo estas líneas para compartir cuando la noche al fin está por llegar, la gratitud por esta vida y todo lo que me rodea, la gente que quiero y la que me soporta, y sobre todo esta oportunidad de decir gracias por tantas cosas que tengo...

Pero nada dices...


Cuanto más avanza la noche más se van terminando las palabras, los sentires, los pretextos para nombrarte, sólo un espacio en las hojas al viento para escribirte…

Pasión absurda esta de pensarte y soñar que tú me piensas también, y adivinar qué se siente cuando me recuerdas mirándote así, perdida en tus ojos pequeños de mirada insondable…

Lagunas rosas que se abren al embrujo de tu voz diciendo nada, que me atrapan como una criatura que no tiene ilusión ni futuro, ni tampoco mucha habilidad para escribir algo que no sea tan cursi…

A esta hora en que la luna tampoco se asoma, surgen las voces extrañas que me dicen, que me exigen que deje de usarte como personaje de mis textos, porque la vida es corta y puede ser más aburrida si no has de estar cerca de mí…

Y tú sabes que todo es para ti, y te reconoces en cada una de las notas y crees leer tu nombre entre líneas, pero nada dices para que no se acabe la magia, para que siga avanzando solitaria la noche…
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Eres tú


Un poco menos de consciencia y casi te lo digo todo, aunque ya no hay mucho qué decir, te lo he dicho en mil post, te lo dicen mis ojos cada vez que te ven, te lo dice el temblor de las manos al saludarte, la mirada expectante y esa ansiedad cuando te vas.

Un poco más de tiempo y casi grito tu nombre con todas sus siete letras, para que se desahogue el corazón de tanta presión, para que vaya volando y acaso te despierte el sueño sereno, para que ya no me ahogue la voz en cada palabra hacia ti.

Un poco más de locura y ya no se contiene ese abrazo reprimido, esas locas ganas de mirarte cerquita y hablarte despacio, de decirte mil tonterías y que tú sepas, abiertamente y sin problema, que todas son para ti, que eres tú el centro de este remolino recién estrenado, que eres tú aunque no seas de mí.

Un poco más de madrugada y ya la consciencia se despierta, para gritar que no hay tiempo, espacio ni oportunidad, que la locura inicia en tu voz y termina en la sortija en tu dedo, en tu indiferencia, en lo que jamás habrá de ocurrir.

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Hechizo


Se sentó a verla mientras esperaba que terminara la visita familiar, demasiado excitado él para participar en la plática de los niños y del trabajo. Su pasatiempo era otro, más placentero y más útil que rendir cuentas sobre cómo iba la escuela y la casa, cosas que siempre quería saber su suegra, como si no fuera evidente, pensaba él. Pero ahí estaba otra vez, en la obligada visita familiar, aunque desde hacía algunos días atrás, era la vecina la que le hacía sentarse en el sillón frente al ventanal, donde acurrucó la vista muchas veces con el pretexto de cuidar el coche estacionado afuera.

Ahí, amparado por la oscuridad, se asomaba por las ventanas clandestinas de su temblor, para sorprender a la vecina en el cambio de piernas cuando ella se sentaba a tomar el fresco de la noche en la banqueta solitaria…

Podía verla pasar rumbo a la tienda con un pretexto tonto, y entonces pensaba que ella también lo vigilaba a él, lo miraba mirarla, y quizá también lo sentía sentirla en sus sueños, en su fantasía que desde hacía bastante tiempo le seguía a todas partes, que no la dejaba ni tras la cortina, donde imaginaba su figura quitándose la ropa, disponiéndose a dormir.

Y luego el pensamiento tras de ella, hurtándole el sueño, porque entonces era ella la que no podía dormir, preguntándose por qué demonios y a esa hora, pensaba en él.
Por qué recordarlo pegado a la ventana mientras sentía una especie de corriente helada, quizá un presentimiento, como si a esa hora y de pronto, él también pensara en ella, aferrado a un rizo y una vela roja.

Si fuera el fin del mundo...


Si éste fuera el fin del mundo, dejaría todo el trabajo pendiente a un lado y me sentaría a la luz de la luna, para recordar mis tiempos mejores y dejar de sentir ansiedad por lo que ya no será; abriría por última vez el cuaderno para plasmar un adiós agradecido por todo lo vivido y todo lo recibido, a veces sin merecerlo, por esa suerte que dicen algunos siempre tengo, tuve, y por esa presencia serena que en todas las formas posibles estuvo siempre ahí guiando mi paso.

Si fuera éste mi último aliento lamentaría ya no ver a mi Chihuahua salir del hoyo ni recibir resultados, y dejaría de anhelar el día en que todo mejore y la paz por fin retorne; exclamaría un gracias sonoro por todas las personas que conocí y que algo me regalaron de sí, a veces mucho, a veces menos, pero siempre a tiempo y siempre útil, de todo aprendí.

Si fuera ésta la última noche diría te quiero a quien nunca lo supo y un perdón por todo lo errado; abriría los brazos para reencontrarme con los que ya no están, y abrazaría a mi hijo para no perderle de vista, mientras agradezco a Dios por la bendición de tenerle iluminando por once años mi vida, luego de encontrarle en una noche de marzo.

Si fuera éste el fin aventaría al viento las últimas letras para que me abrazaran en el viaje, todas a una sola voz, contando mi historia, tu historia, todas las historias posibles, toda la gratitud que puede caber en la última línea de una vida plena.
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Parque Lerdo



El Parque Lerdo nos acogió en la juventud del amor, o cuando creíamos que eso era el amor y no otra cosa. Ahí nos refugiamos del mundo, soñando que un día terminaríamos siendo sólo uno, y que la palabra final no existiría.

Ahí conoció mi piel unas manos distintas, y una sacudida que ya no provocaba miedo sino obsesión. Cuántas veces fuimos a inventar un viaje al cielo, a ensayarlo a medias en cada una de las bancas donde pega la sombra por las tardes. Ahí la lluvia nos envolvió algunas veces y subimos como niños al quiosco, para no mojarnos y mantener caliente el corazón.

Ahí en ese parque planeamos la boda, la casa y hasta el nombre de los hijos. Pero la boda pasó pronto, la casa se cayó, los hijos no llegaron. El tiempo pasó y nunca más el parque fue como entonces.

Ayer te vi de nuevo. Ibas de otra mano y con un sentir diferente, lleno de recuerdos distintos. Diez años más sobre tu cuerpo y ahora sí estoy segura de que cuando vuelva a sentarme en esta banca del Parque Lerdo, ya no me sentiré igual…
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