Hilos


Desnudo me encontró,
En la intemperie plagado de dudas e inseguridades,
Me brindo calor y ternura,
Al precio de mis valores y humanidades.

Sus dicciones, los hilos que parchan mi tela,
Cubriendo mi piel de adjetivos decadentes,
Vergüenza, estupidez, ineptitud,
Todos convirtiéndose en las mangas de mi camisa.

Me ha vestido para la elegancia
Su mórbido muñeco de trapo
El objeto de su orgullo y logro
La prueba del alcance de sus letras y actitudes.

Podría indignarme ante las burlas,
Protestar sobre todo este abuso,
Aunque para que todo eso suceda, inicialmente

Tendría que tener al menos un respiro de vida.

6:00 AM

Hoy es otro amanecer agradable
En este ciclo infinito adulto
Otras veinte y cuatro horas de trabajo, café y alcohol
Una noche más de sueño rejuvenecedor

Semana tras semana, mes tras mes
Cumpliendo mis roles a certeza cierta
Todo al pie de la letra
Con la máscara más perfecta

Pero las arenas no han sido gentiles
Ya mi piel y musculo lo confirman
De nada sirve abundante energía
Si las bisagras y motores se erosionan

Lo que antes era un salto de la cama
Ahora es una arrastrada bulliciosa
Ralentizándose con cada año nuevo
Cada suspendida de funda más dolorosa que la anterior

La realidad es incapaz de sustentarme
Progresivamente me veo retraído en mi mente
En mis recuerdos gratos y aventuras imaginarias
Momentos de alegría, de besos, y caricias 

Las noches donde sueño con ella son más frecuentes
A diario la visito en su altar, seguidamente
Aquella figura inconclusa, pero agradable
Instancias raras de felicidad que desvanecen con el sol

Mi cama, mi trono en completo esplendor
Me recibe cálidamente cómo es de costumbre
Apago mis luces, mis ojos tranquilamente
Unísonamente me invade ella con su existencia misteriosa

Postrada sobre mí se encuentra
Ángel de mi vida, mi princesa onírica
Cubierta por una falda rajada de trapos
Su apariencia dulce, oscureciéndose de repente

Noto sus manos, sucias y llenas de heridas
Sus dedos cubiertos de tierra, algunos incluso sin uñas
Sus brazos, su piel, sangrando por los poros
Escurriendo pus, lodo e insectos

Paralizado me encuentro, ni un grito me escapa
El velo que le cubre se desvanece
Un rostro macabro con abismos infinitos por ojos
Sus labios secos y partidos, cubiertos de escamas secas

Se acerca a mi rostro con calidez y ternura
Abre su boca y comienza a vomitar, 
Cubriéndome de tierra y lombrices
Mientras sus manos rasgan mis sabanas, mi piel

Tuve mucho tiempo para perderme en la locura
En desear que esto se esfumara con el llegar de mi alarma matutina
Curiosamente, dentro de este momento extraño
Jamás me había sentido tan cómodo.

La Mudanza

Martes, 1 de Noviembre - 7:00 AM 

El horrendo grito desgarrador de mi alarma me despierta con el humor más despreciable que puedo edificar, así es como era de esperarse todas las mañanas. Hoy es otro día donde pienso que quizá usar "El canto de Gallo versión Death Metal" no fue una brillante idea después de todo, lo era en mi juventud adulta pero ya a esta edad decadente mía no es tan emocionante como lo era en aquel entonces cuando asustaba a todos en la casa. Ese chiste claro, ha muerto, como el resto de la gente que habitaban este hogar. Ya este miércoles se marcan diez y cinco años respectivamente desde que las personas con quien compartía residencia dejaron este mundo. El buen Chepe y la dulce María. No eran mis padres, no teníamos sangre que nos uniera, simplemente éramos personas que se conocieron en los caminos del destino y entre los tres trabajábamos duro para mantener una forma de vida digna y tranquila. Era una pareja digna de envidia, como si un cuento de hadas se hubiera personificado. Se conocían completamente, sus peleas duraban cinco minutos a lo más, y a leguas se podía ver que ambos eran una sola carne como dicen esos padres en las iglesias cuando les amarran. Todo era perfecto para ellos salvo el hecho que María nunca pudo tener hijo propio. Un dato que hace entristecer a uno cuando lo sabe, pero respetar a esa unión aún más ya que era un obstáculo enorme que lograron superar, un obstáculo que con mi llegada se volvió oportunidad para ellos. Nunca me lo dijeron verbalmente, pero estoy muy seguro que de una u otra manera yo suplí el rol de hijo para ellos. No ocuparon decirlo, pero siempre me  honrara saber que pude darles un sentimiento de realización para ellos. 

Me acerco a la mesa del comedor, un lugar que anteriormente a esta hora ya tenía un desayuno listo, justo lo que yo ocupaba todos los días para ir en camino al trabajo y tolerarlo sin querer matar a alguien a buenas 8:00 AM. Pero eso ya no importa, no ocupo un desayuno nutritivo si no ocupo tolerar más gente en ese lugar (debo admitir que fue una experiencia tan grandiosa el renunciar). Ahora lo único que hay es un plato sopero vacío y la caja del cereal que he estado desayunando (y cenando honestamente) esta última semana. No es un mal cereal, es de ese típico de maíz inflado pero bañado en leche condensada. Tuve mucha suerte, pensaba que lo habían descontinuado, siguiendo la tradición de cómo la gente no aprecia lo que es verdaderamente bueno y se quedan con todo lo que sabe fatal solo porque no tienen la valentía de expandir sus horizontes (gustativos en este caso, claro está). Mientras me sirvo el cereal no puedo evitar pensar en cómo María ya me estuviera llamando la atención sobre lo que decido dejar que mi estómago digiriera y como probablemente solo comer cereal de maíz con leche condensado me llevaría directamente a un "empacho" horrendo. 

"No te preocupes viejita, no hay nada que una taza de jugo de limón con sal no arregle", dije en voz alta, un tanto melancólica. 


La muerte es algo lleno de misterio. Nadie ha regresado para decir que se siente, si vamos a algún lado como pasan gritando todos los señores de saco en ese canal del cable que siempre me salto porque francamente ni debería de existir. ¿Será que renacemos en otra persona sin recuerdos del pasado? ¿Estaremos en un tipo de vacío, suspendido de la realidad donde todo es un abismo negro? O ¿sólo nos volvemos energía, que están girando alrededor de todo lo demás, como esta última hojuela de maíz está haciendo en mi leche restante? Vaya que las mañanas siempre me ponen en una actitud de duda existencial. Creo que debería de dejar el desvelo, y ese rock progresivo tan "raro" como le decía Chepe. Siempre que pasaba por mi cuarto y escuchaba esos arreglos complicados y tablas de tiempo irregulares solía decirme que eso solo me va a dar pesadillas en la noche y que lentamente me va a volver loco. 
"La verdad no creo Chepe, ya estoy jodido de la cabeza de todos modos", dije en un tono burlan. Esperando que algo me contestara con una rabieta chistosa.
Pero no hay más respuestas, hablo en voz alta sabiendo que nada me va a responder. Lo hago porque esta casa necesita que alguna resonancia humana decore sus paredes de vez en cuando, de lo contrario sería otra cosa que la adornaría, todavía no sé si sería mi sangre o mi mierda y la verdad no quiero invertir tiempo en saber cuál va ser la ganadora en esa encuesta. Siempre entraba en esta realización, todas las mañanas unos minutos después del desayuno. Aferrándome a una idea repetitiva, creyendo que mi voz mágicamente haría que en esta casa hubiera más vida, tuviera más ruido. Parece que mi mente no tiene suficiente con los sueños bizarros que ocurren a diario, aquellos mensajes que no se interpretar (porque la mayoría ni los recuerdo) bajo aquellos paisajes macabros de pestilencia y muerte que solo El Tapir enmascarado me sabe librar, es evidente que también ocupa que haga rituales sin sentido mientras estoy consciente para seguirme torturando. Pero no por mucho más, este es mi penúltimo día en esta casa, y vaya como deseo que las horas pasen más rápido. Fue una decisión difícil pero por fin me armé de valor y la tomé. Aplicar para un trabajo en esa ciudad modelo que apenas va existiendo dentro de San Pedro es algo que a cualquiera lo manda a un estado de re-evaluación acerca si ese es el mejor curso de acción. En mi caso con cada día que expirado se volvía más certero, después de todo no tengo nada que perder ni nada que me ate a este lugar. A esta casa. El reloj me recordaba que ya debía apresurarme, todavía tenía unos cabos sueltos que amarrar antes de partir de aquí por completo, mañana era el día de los muertos y al menos los viejitos merecían su respectivo arreglo de flores. 


Martes, 1 de Noviembre - 10:00 AM 


Girasoles rodeados de una mezcla de rosas blancas y rojas con sutiles detalles de esas florecillas blancas en el fondo con grandes hojas verdes abrazando todo por fuera. Un buen arreglo para María. Chepe siempre en su temple machista inexorable nunca supo expresar si tan siquiera quisiera tener flores en su tumba (y no lo culpo, no veo ese tema salir a relucir en una conversación de "machos") pero de igual manera para el tengo un arreglo de tulipanes azules y negros con unas filas de orquídeas blancas decorando el fondo. Espero que no se marchiten estas flores. Lo más sensato hubiera sido comprarlas justo en el día pero en mi experiencia sé que se volvería imposible conseguir un arreglo en poco tiempo mañana, solo me asegurare de rociarles un poco de agua en la noche para que tengan una buena forma. 
El tiempo se me hace escaso, debo asegurarme de tener el camión de mudanza listo y reservado para mañana en la tarde que emprenda este nuevo capítulo de mi vida en la ciudad modelo. Como si fuese telepático, el encargado de los camiones me contesta al primer timbre y me deja saber que todo está listo. El alivio exhala de mi boca al sentir que cada acción mínima que completo en este día me acerca más a la libertad que necesito, a esto que desconozco pero que a la vez me da más esperanza que quedarme aquí y ver como mi espíritu se vuelve como esos mangos que me compraba María y que nunca me comía, olvidado y podrido. 

Martes, 1 de Noviembre - 11:50 AM 

Mi estómago ruge violentamente. No parece un órgano, más bien tiene aires a un espacio cavernoso donde una piedra se perdería y nunca confirmaría que toca fondo. Envuelto en un dilema poderoso entre pereza y hambre, la comodidad de mi cama estaba corriendo una fuerte competencia contra mi estómago. Cierro mis ojos, tal vez dentro de unas horas mi hambre ha desaparecido y puedo pensar en cosas más relevantes o terminar de prepararme para la mudanza.
"¿Estás seguro que te querés ir?", pregunto la máscara del tapir. 
"Claro que si, aquí no hay nada más que tristeza", le respondí rápidamente.
"No tendría problemas con esa decisión, pero al lugar que decidiste meterte no me da buena espina", dijo el tapir. 
"Y ¿qué opinión tiene una cosa con mascara de tapir al respecto? Ni sos real para que me podas juzgar", respondí a entre dientes. 
El cuerpo detrás de la máscara empezó a crecer de manera desmesurada a tal manera que una gran sombra me cubría a mí y unos buenos veinte metros a mí alrededor. La capa que cubría el cuerpo se abrió por completo mostrándome aquel cuerpo que era lejos de lo que pensaba ser. No era algo anatómicamente correcto, o algo físicamente posible para esa gracia. 
Un sinnúmero de ojos empezaron a aparecer, todos viéndome, fijándose en mí con gran ira, confusión, pesar, y tristeza. El estruendo de mil voces me golpearon por completo, todas hablando en tonos distintos a la vez:
"¡Maldito ingenuo! ¡Que no entendes! ¡Yo he vivido siglos!, ¡he visto cosas tanto en este plano como en el plano vulgar en el que te desenvolves vos y esto que viene a esta ciudad, esa "ciudad modelo" es algo que va retar la mera esencia de la cordura colectiva de todos ustedes! Yo ya tengo mis manos atadas con mis propios problemas, con mis propias pesadillas y las de toda esta ciudad. No habrá nadie que pueda salvar a todos los que entren a esa zona.",  La capa se cerró y el cuerpo disminuyo en tamaño a tal punto que solo la máscara quedaba en el suelo.
"Ustedes no entienden todavía el poder de las emociones, ya se les ha olvidado todo lo que ahora catalogan como mágico o que solo creen existir en obras de ficción. Pero están por ver los alcances de la putrefacción humana, vos especialmente estas por probar lo que tus ojos cegados nunca van a poder apreciar hasta que sea demasiado tarde", expulso la máscara de sus grietas. Con ese último discurso la máscara del tapir se comenzó a quebrar hasta volverse polvo. La tierra debajo de mi inició a rajarse y caía rápidamente a lo que asemejaba una fosa de lava. 

Martes, 1 de Noviembre 5:00 PM

Desperté de un brinco, cubierto de sudor. Vaya sueño el que acababa de tener, o ¿habrá sido una pesadilla? Honestamente en estos momentos eso es de poca importancia. Ese tapir solo hecho más gasolina al fuego de mis ansias, mi deseo por irme ya de esta casa. Hay que ver lo positivo al menos de esto, esta trifulca onírica me ha hecho olvidar del hambre que tenía o al menos eso agradecí por unos segundos hasta que mi nariz percibió un olor que volvió a activar en mí el demonio voraz estomacal. ¿Será que deje algo en el horno o la estufa? ¿Mi nariz se habrá agudizado y estoy percibiendo olores de otra casa? Sería mejor confirmar esto y me dirigí rápidamente hacia el área del comedor. Con cada paso que daba hacia la mesa el olor se volvía más intenso, ya esta curiosidad se convertía en ansiedad, ¿Qué estará pasando? ¿Me habré vuelto loco? Llegue al fin a la mesa y lo que había ahí entro al mundo de lo inexplicable cuando mis ojos me dictaban el hecho de que en aquella mesa yacía un plato de comida, recién hecha. Un plato suculento de pollo guisado, arroz blanco, frijoles negros y tres tortillas de maíz. La pechuga de pollo, mi parte favorita, tenía el semblante de un manjar glorioso de los cuales los bardos de tiempos antiguos harían canciones en su gloria. El hambre sireniza cualquier comida, definitivamente. Aligere mis pasos hacia la mesa y me acomode en la silla. El olor a esta distancia me enloquecía, quería entrar con furia a ese plato, destruir aquel orden hermoso con mis manos desnudas y saciar mi hambre, pero el vapor que emanaba de la carne me sugería usar utensilios, como el ser humano civilizado que debería de ser. 
A mi incómoda sorpresa este almuerzo divino no contaba con tenedor o cuchillo. Me levante rápidamente y con el mismo ímpetu me camino hacia la cocina. En algún lugar de este desorden tiene que haber algún tenedor!

Abro unas gavetas, pero nada más que unas galletas de soda de hace un año aparecieron. Revise en unos estantes sin ningún éxito, toda esta energía para evitar hacer las de antropólogo en el lavabo lleno de platos sucios y mugroso. La desesperación se aferra de mí, ya el hambre me quiere llevar a la locura y me rindo a mi necedad y decido ir a escarbar el montículo de los platos. Invertí unos buenos cinco minutos en aquella estructura asquerosa y llena de mugre, toque cosas que no creo que eran de origen animal también, pude apreciar la eternidad de las papas fritas que estaban ahí de aquel lugar conocido de hamburguesas, como algunas salsas nunca se arruinan al estar pegadas a un plato, tuve momentos de reflexión y hasta pude apreciar la belleza de aquello nefasto pero lo que nunca encontré fue ¡un maldito tenedor! , ¡ni siquiera una puta cuchara! De igual manera ya para este tiempo la comida ha de estar tolerable, bien puedo distribuir toda esa comida entre las tortillas y comer tranquilamente. 
Vuelvo a la mesa, y agarro una tortilla, listo para acatar mi plan. Nuevamente el asombro me invade al ver que a la par del plato ¡hay un tenedor y cuchillo, relucientemente limpios! A estos instantes los llame dudosos, no estaba seguro si estaba despierto todavía o si el hambre por fin me había sacado de mi razón. El estómago solo me dio unos segundos para ponderarlo, procedí a saciar mi necesidad voraz con aquella delicia de almuerzo frente a mí. Cada mordida era una explosión de sabor increíble. Saber que aquella hambre que parecía nunca desaparecer estaba esfumándose era algo muy agradable también. Terminando mi alimento limpie los utensilios con mi lengua, no podía dejar cualquier sabor abandonado, incluso pase mi lengua como trapo por el plato, tan satisfactorio. Bueno, era hora de ir a dejar ese plato a aquel monumento en la cocina, quizá debía de lavarlos, igualmente ya pronto me iría de esa casa y esa tarea no tenía forma de evitarse. Recogí los platos y volví a la cocina, di un paso adentro solo para ver una fila larga de tenedores y cuchillos suspendidos en el aire, apuntando a mí. 

No tuve tiempo de reaccionar, solo me quedaba procesar la sensación de mil metales penetrar mi piel simultáneamente. Era un dolor intenso y punzante. Mis rodillas tocan el piso que rápidamente se ve bañado en sangre. Mis manos titubeantes se aferran de un cuchillo en mi frente y otro en mi pecho. Suelto un grito de agonía al removerme estos objetos y caer por completo en el suelo. El frio del mismo siendo tan reconfortante y pacífico, solo ocupo descansar un poco los ojos y dormir, si, dormir.


Martes, 1 de Noviembre 0005:000PM

Un grito ahogado escapa de mi garganta y me veo erguido de mi cama inmediatamente, cubierto de sudor. "¿Qué acaba de suceder?" , me dije a mi mismo en un susurro alterado. Pasé mis manos por todo mi cuerpo como si quisiera revisar si la fileteada que acababa de sufrir fuese algo certero, para mi alivio y aumentar mi confusión, mí cuerpo estaba intacto. Vaya suceso, un sueño dentro de un sueño. Que momentos estos en los que tengo estas experiencias definitivamente. Me tome unos minutos sentado en mi cama, respirando profundamente, tratando de  recuperar mi cordura hasta que un olor familiar volvió a invadir mis fosas nasales. 

"No puede ser..." solté suavemente.

Abrí la puerta de mi cuarto lentamente, entre más iba viendo la sala mis ojos casi saltan de mi cráneo. En una mesa había un plato cubierto por una campana plástica. Como si se me hubiera dejado una cena lista para cuando despertara. Me acerque al plato a paso contado, con mucho sigilo y ansiedad abrumadora. Cada gota de sudor que rodaba por mi frente era un testamento cuantificable de como la sanidad mental escapaba de mis poros. Cada paso me hundía más en la desesperación. El sonido de mis zapatos golpeteando el suelo eran estruendos eternos, como si la tormenta perfecta se acercara con promesas de arrasar todo lo que no es de origen natural de raíz. Mi mano era un terremoto aislado con intensidad incremental a medida se acercaba a destapar ese plato. Nunca un tiempo de comida prometía darme un infarto antes de comerlo, hasta ahora. Escurrí una última gota de valor y destape la campana para ser abrazado con incomprensión, y un par de tentáculos, los cuales se pegaban a mí como pulgas a un perro desnutrido. 
No había sonido que yo emitiese, estaba paralizado en medio de tanta confusión y momentos surreales, solo sentía la asfixia de tener un par de tentáculos alrededor de mí cuerpo. Tenían tremenda fuerza lo pude comprobar al sentir cómo me sacudía con ligera facilidad. Lo confirme nuevamente al sentir el viento rozar mi cara al ser lanzado virilmente hacia la puerta de entrada. El golpe era inminente, el color blanco de la puerta cada vez más presente. Solo me resta cerrar los ojos y esperar el impacto. Diez segundos incómodos expiraron mientras yo esperaba recibir un impacto, lentamente comencé a notar que ya no había viento tocando mi cara, no estaba volando por la casa. Estaba parado, frente a la puerta de mi cuarto otra vez. No podía soportarlo más, ocupaba salir de aquí, nada de esto guardaba sentido o lógica para ese caso. Corrí desenfrenadamente hacia la ventana. La abrí casi de golpe y prácticamente me tire del umbral violentamente. Un leve dolor recorrió mi cuerpo confirmando que impacte el suelo, me levante y sacudí para notar que estaba en la cocina. 
Definitivamente seguía soñando pero en contraste de lo que parecía ser un sueño eterno mi paciencia se desgastaba con cada segundo que transcurría. Inspeccioné  a una de las gavetas en la cocina y saqué el cuchillo más grande que encontré para enterrarlo directamente en el pecho, en mi mente tal vez así me despertaba de una vez por todas. Como era de esperarse idea surtió efecto. Estaba nuevamente en la cama, tragando aire desesperadamente bañado en mi propia transpiración. Abrí la puerta lo más rápido que pude, para notar que la perilla simplemente se estiraba cuando la halaba mientras la puerta se mantenía cerrada. Intente abrir la ventana nuevamente pero parecía estar sellada para siempre. 
De repente notaba como el cuarto se iba encogiendo cada vez más, las paredes acercándose a mí lentamente, pero, con definitiva promesa mortal. Arañé las paredes hasta quedarme sin uñas, hasta bañarlas en sangre pero nada las hacia detenerse. Cada vez más compacto, podía sentir como mis huesos se pulverizaban y dañaban mi cuerpo internamente. Que forma de morir tan horrible, o al menos eso hubiese deseado. 



Martes, 1 de Noviembre 010101:00001 PM

He perdido la cuenta. Cada vez el dolor y la angustia se hacen menos aparentes. Ya sé en que momento exacto se mueven las paredes, ya sea en que momento exacto muero. Solo para despertarme nuevamente. Para quererme olvidar de algún momento pensar en irme de esta casa y evitar que esta me siga castigando.

Capitán Ironía


Capitán Ironía

Fabulador de ademanes a medio 
desabotonar, suele involucrarse en líos 
bronceados, pero solo por cortesía.
Considera la insensatez como 
la mayor de sus virtudes.

Bebedor de salvajismo;
la memoria del que se asume vencido
siempre será más impiadosa que celestial.

Allá va el Capitán Ironía,
licuando el asombro del 
barrio con su aire desdichado.
Su rostro enfermizo balancea
su oscuro fastidio.

El sol de los triunfos ajenos siempre
fue demasiado radiante para que 
pudiera mirarlo a los ojos.
Su piel es un alambre atravesando la
tarde entre bramidos de soledad.

Víctima de algunos momentos rescatables,
que alentaron una cierta ofuscación
sobre los inexistentes finales felices.

Allá va el Capitán Ironía,
con una impaciencia de nudillos
gruesos. Propietario de una declaración 
incinerada, a la que nunca 
dejó de echar de menos. 

Azotado por lo irremediable, el
insomnio le sonríe con los
labios apretados. La presentación oficial 
con los remordimientos siempre incluye 
un tarascón de por medio.

Por fin se queda dormido sobre una
retahíla de protestas taciturnas,
para entablar un soliloquio con sus pesadillas.

Allá va el Capitán Ironía,
con el abatimiento de los que
vienen de un rito de iniciación frustrado.
Con un viento huracanado entre las manos
pinta los barrotes de su propia jaula.


Hace un par de horas me enteré que
el Capitán quiso ascender a Comandante,
pretendiendo transformar en moretones las ojeras
de cinco caballeros muy bien adiestrados en el 
poco elegante oficio de moler al prójimo a palos.

Poco y nada me extrañó, porque 
desde que dejó de ser Teniente, 
al Capitán siempre le gustó ponerle
leche descremada a la cicuta, y dictar 
su propio epitafio con fuegos artificiales. 

Allá está el Capitán Ironía, 
en cautiverio en una cama 
de hospital, con un par de
costillas quebradas y una
lesión en el orgullo y el pulmón.

Con tres dientes menos y el rostro indigno
de alguien de su rango, lanza hacia la lluvia 
que golpea la mísera ventana de esa habitación 
una advertencia amortiguada: Tan pronto como se 
recupere todos los diarios de este país pondrán 
en los titulares su nombre, apellido y las 
condecoraciones que ganó jugándose la 
reputación en las leoninas calles de la vida.


© Mariano Torrent 2016

El Café


Tomó su taza de café y la pasó ligeramente debajo de su nariz, queriendo capturar el aroma de los granos que se utilizaron. Le dio un ligero sorbo a su taza, la temperatura era aceptable, no óptima, pero tampoco ofendía. Puso su café en la mesa de madera blanca frente a él y dijo,

- Para ser mierda barata no sabe a lo que pague por ella. Estos lugares a los que me traes sinceramente no tienen idea de cómo preparar lo que venden.

Frente a él estaba su amigo, compañero de trabajo, Héctor. Vestía unos zapatos de cuero negros lustrados a perfección, juzgando por el brillo podría decirse que fue hace no más de un día. Su pantalón negro era de tela con un planchado inmaculado, casi perfecto que hacia juego increíble con su camisa azul de solo fondo siendo decorada sutilmente por un pañuelo negro con diseños geométricos finos en su bolsa izquierda de la misma. Traía consigo una corbata de seda negra, pero esta la dejo en su automóvil ya que en sus palabras "Le recuerda al trabajo y no quiere estarse asfixiando una vez fuera de él". Era un hombre sofisticado a primera vista con ropa y pelo presentable, demasiado presentable, a un punto de exceder cualquier expectativa o norma. Al terminar de escuchar el reproche amargo Héctor respondió con una mirada de placer casi maquiavélico,

- De haber sabido que ibas a salir con una lengua fina hoy hubiera propuesto un lugar de más calidad, pero no creía sabio ir a esa aventura si implicaba gastar tanto dinero en un simple café. Además, dijiste que solo querías hablar de algo rápido después de salir del trabajo no veo chiste en hacer tanto protocolo si vamos a estar un periodo corto en X lugar.

- Tenés razón, respondió el mientras revisaba la hora en su teléfono celular. - Pero no le heches la culpa a mi agenda por tu tacañez. Ese codo tuyo brilla de lo liso que es, grandísimo agarrado. Guardo su teléfono en su bolsillo del pantalón izquierdo mientras contemplaba su taza nuevamente. Quería darle un sorbo más pero sentía que luego iba a lamentarlo tanto su gusto como su nariz cuando tuviera que orinar ese café y el hedor le recuerde lo fatal que fue esta experiencia gustativa. Sus ojos lentamente se enfocaron en Héctor y con esto comenzó nuevamente a hablar,

- Te traje aquí porque tengo una serie de preguntas que hacer, de antemano pido disculpas por hablar del trabajo a estas horas y no es mi intención ahogarte más.

- Vaya que considerado, respondió Héctor. - No te preocupes, porque sos vos voy a dejar que hagas esto.

- Gracias, respondió de manera simple, - Bien, sé que hace dos meses fuiste promovido en la división de almacenamiento. Sé que fueron dos meses porque no recuerdo haber tenido una resaca tan horrible como esa vez que lo celebramos. Como has de saber tu puesto es muy delicado ya que llevas control total de lo que entra y sale del área de mantenimiento, algo que en una compañía tan enorme para la que vos y yo trabajamos no es algo sencillo.

- Decímelo a mí, las primeras dos semanas solo dormía 4 horas al día, casi me muero. Comento Héctor.

- Si me imagino que fue algo difícil, en fin, traigo esto a luz porque hemos notado ciertas  irregularidades en tu departamento y queremos hablar sobre eso, agrego él.
El ambiente se había tornado tenso, y la plática se vio interrumpida por uno de los empleados del café que llego a servir una taza de té a Héctor. Parecía ser un té verde, levemente caliente y de un color muy vivido. Junto a la taza de té se le dieron dos sobres de azúcar, tres servilletas y una cuchara pequeña de acero inoxidable.

- Se me había olvidado que pedí eso para vos Héctor, dicen que él te ayuda a la gente a relajarse y pues esta platica se va a prestar a que te de algo de estrés, te aconsejo que le heches los dos sobres de azúcar ya que él té verde no es muy agradable así simple. A menos que comas limones como si fuera dulce de leche.

Héctor tenía una mirada seria como si estuviera juzgando a su amigo por hacer acusaciones falsas. Tomo los sobres de azúcar, los agito virilmente y los vertió en la taza. Revolvió la taza cinco segundos hacia la izquierda y cinco segundos a la derecha. En su mente siempre ha considerado que era la manera más óptima de disolver el azúcar en sus bebidas.

- Veras, estos últimos días hemos descubierto que ciertas cosas no llegan a su destino, y eso es muy alarmante. En cualquier organización cuando se sospecha de un caso de robo o fraude es algo serio, generalmente porque se pierde dinero, materia prima, ya sabes cosas esenciales. Pero en el caso de nuestra organización las cosas que se han estado "extraviando" son de una magnitud considerable, son bienes que, pues, no son tan fácilmente remplazables.

Héctor levanto la taza blanca, soplo levemente en ella y tomo un leve sorbo. Su cara se arrugo un poco, demostrando que el sabor de aquella bebida no era el más óptimo. También podían notarse unas leves señales de sudor brotando de su frente. Su mandíbula presionando levemente sus dientes.

- Al momento de promoverte Héctor, se hizo porque considerábamos que eras el prototipo de colaborador necesario para solo hacer el trabajo eficientemente y no cuestionar lo que pasaba por los reportes, que no iba a andar husmeando o buscando objetivos egoístas que irían a perjudicar a la organización, una carcajada lo interrumpe, - Vaya que equivocados estábamos! ¡Vaya que si quede como imbécil al haberte recomendado! ¡Que pasa Héctor! ¿Porque no decís nada? ¿Es que creías que no nos íbamos a dar cuenta?

Héctor bebió de su te nuevamente. Su ceño fruncido, ojos de ira enfocados a aquel hombre que tenía enfrente con sus manos entrelazadas y piernas cruzadas, con aquella postura que demostraba paciencia y al mismo tiempo le estaba retando.

- ¿Y qué putas me querés decir con eso?

Las manos de Héctor sonaron la mesa con gran fuerza, ambas tazas de líquido derramadas sobre ella, dejando caer leves gotas que definitivamente estropearían la alfombra debajo de la misma. Una alfombra muy bonita por cierto, con pinta de costar mucho.

- Pues, lo que te quiero decir, aparte que vos vas a pagar por esa alfombra por andar de loco es que tenemos razones fuertes de creer que vos sos el que esta detrás de estos movimientos irregulares en la organización. ¿Qué putas quiero decir te atreves a gritarme? El rol de actor no te va muy bien amigo. Tu cara y todos tus movimientos me dan a entender que estas más incómodo y mentiroso que ofendido. Te falta escuela si querés mentirme a mí de esa manera tan ligera. Te excediste Héctor, ¡probaste el maíz del granero del granjero, vos simple rata, y quedaste adicto a él! ¿Acaso esperabas que no se pasara por alto como de la nada tu ropa, tus accesorios, tu carro, las nuevas rejas ornamentales de titanio bañadas en oro de tus ventanas que también las cambiaste por ventanas a prueba de balas lo miráramos como que solo estabas cambiando tu estilo de vida?

El semblante de Héctor, casi rojo de la furia impuesta por instinto agresivo para tratar de disuadir a su ahora enemigo tomo una tonalidad más pálida. El sudor antes acumulado en su frente comenzó a correr, dejando un rastro gélido por su cara, sus pelos en los brazos erizados, el aire alrededor de él cada segundo más frio. Jamás se había sentido tan descubierto, vulnerable, desnudo. Su respuesta solamente unos parpadeos perplejos los cuales fueron la señal para que el continuara.

- Te odio sabes, y la verdad es que lo aprecio. Dicen que del amor al odio solo hay un paso de diferencia, que es una línea bien delicada. Puedo decir que es cierto, es más te puedo comentar que elemento es el que lleva a que ese dicho sea tan real. Es la obsesión. Veras Héctor, cuando descubrimos que había una rata a mí se me dio la tarea de investigar a todos los sospechosos. Para investigar a alguien primero hay que conocerle, hablarle, saber que le motiva, que le gusta, que odia, es obsesionarse por esa persona a niveles patológicos. Es saber su rutina diaria, es llegar hasta calcular cada cuanto inhala oxígeno para que respiren ambos al mismo tiempo. Pero no confundas esto que te estoy diciendo, no siempre te odie, antes eras un colaborador con el que tenía que fraternizar por obligaciones a las que firme en mi contrato, nada más. Mi odio hacia vos es más "profesional" que otra cosa, es lo necesario para que pueda cumplir con mi labor. Debo decir que no sos una persona tan aburrida "Jectorr" como te dice tu familia. Nunca te pudiste zafar ese apodo de niño cuando todavía no podías hablar bien, fue bien chistosa la historia de cómo surgió ese nombrecito tuyo, por cierto tu mamá hace buen café, no como esta mierda que venden aquí.
Héctor dio señales de querer decir algo al escuchar la mención de su madre, pero antes que pudiera emitir palabra fue interrumpido,

- No te pongas ansioso amigo, tu mamá no sabe que estas siendo objeto de investigación, bueno, que sos culpable de ser ratero. Ni tu papá, ni tus dos hermanos, aunque igual hace más de cinco años no hablas con ellos desde que ambos se fueron del país y vos ni te dignaste en hablar con ellos solo porque te deben dinero o alguna estupidez de ese tipo. Tampoco le dije nada a tus exnovias ni a esas dos compañeras de trabajo que te estas fornicando semana de por medio. Te tengo que admitir que fue difícil no tirarme una carcajada cuando una de ellas me conto de tu "accidente" en la cama, "Míster flácido". No le pongas mente a eso, aunque te odie tampoco estoy buscando destruir tu imagen con todos tus círculos sociales, por mas efímeros o cercanos que sean. No tengo necesidad de nada de eso, como también agradezco que ya puedo dejar de levantarme a las 4:00AM para ver tus patéticos intentos de caminata o trote o lo que queras decirle a ese ejercicio inservible que haces tan temprano. Toda esa ropa deportiva carísima para que ni un Kilómetro podas hacer de trayecto, mala inversión de mí tiempo. Ni digamos como compras esa cantidad de comida que solo guardas en tu refrigerador y que al cabo de la semana terminas tirando porque nunca la cocinas, ¡para nada tenés estufa! Ya de nada te sirve poner esa cara, se todos tus movimientos, sé a qué hora haces todos, se hasta que hora vas a pegar tus cagadas millonarias después de que te hartas ese sushi de mala calidad y estafador del negocio de la esquina. Claro, no solo tu vida personal en particular la tengo registrada, yo sé a qué horas mandabas las cajas que querías hacer perdidizas, igualmente sé que programa usaste para enmascarar los movimientos en los reportes, porque de paso el dinero si te hizo idiota en todos los niveles que hasta una simple cámara no pudiste notar cuando hacías todo eso. Maldito pendejo.

- ¡Sos un hijo de puta! grito Héctor. - ¿Qué clase de locura es esta? Me vas a decir a que vos te pagan por andar de Sherlock Holmes? ¡Ja! ¡Menuda estupidez! Además, ¿con que seguridad podes decir que estas acusaciones son factibles? Vos estas buscando que del miedo te diga que sí, estás buscando incriminarme! Pero bueno, vamos a ver que tienen que decir los de relaciones laborales acerca de esto, agrego mientras sacaba su celular para hacer la llamada.

- ¿Para que vas a llamar?, le dijo de manera retadora. - ¡Si Fernando y Enrique me dijeron que vos eras el último paso en la movida que se tenían!

 El teléfono de Héctor se cayó al suelo después de escuchar eso. Como un ratón atrapado en el ciclo mortal del juego del gato, no había salida, solo restaba seguir escuchando las palabras de su verdugo. Las verdades que se deslizaban de su lengua como alfileres cada vez más enterrándose más profundamente en su pecho.

- Veras "Jectorr”, a nuestro jefe granjero no le agrada que se metan a su granero a comerse sus cultivos. No supiste conformarte con las migajas que te tocaban digerir como la rata que sos. Aclaro que son buenas migajas, ¡el setenta por ciento de la población laboral de la organización hubiera matado por ese trabajo! Y vos solo supiste hundirte en avaricia y causar daños casi irreparables hacia nosotros, ¿o qué?, ¿En serio estabas bajo la suposición de que se iba a ignorar el hecho que le vendiste Un gorila altamente inteligente al zoológico de la ciudad modelo? ¡Que para rematar mandaste en combo con los leones alterados! Todos los altos mandos están con la esperanza que no haya un desastre en ese zoológico, ¡y lo haces en el peor de los momentos! ¡En el momento que perdemos contacto con el Laboratorio Zeta! Las unidades Hound son bien caras, ¿sabes? ¡Pero claro que no sabes! Porque vos de rata no tenés que estar al tanto de esas cosas, ¡solo tenías que hacer tu puto trabajo! Ni voy a mencionar las partes de reemplazo para los soldados "Basset" que también "perdiste", y hay muchas más cosas pero no estamos para detallar eso. Solo quiero que me digas porque lo hiciste, ¿porque accediste a este trato tan estúpido con aquellos dos idiotas? Te odio mucho Héctor, unos diez gramos más de lo que odie a Fernando y a Enrique, sus vidas no eran tan interesantes. Por eso con ellos no me tome el tiempo antes de "Despedirlos".

Héctor se paró inmediatamente de la mesa. Tenía un gran ciclón de emociones y pensamientos corriendo violentamente dentro de él. Él sabía que no era un simple despido, llevaba semanas queriendo contactarse con ellos, hacía ya días no aparecían en el trabajo. El quería correr, eso quería hacer su cuerpo, pero el yacía inerte como una estatua de marfil.

- Después de todo lo que te he dicho, tu cerebro ha de ser capaz de asumir que esos amiguitos tuyos están bien muertos y enterrados. Nadie sabe obviamente, lo bueno de mi trabajo es que puedo hacerlo sin preocupación de llamar mucho la atención de entes que harían esto más difícil. Quiero que sepas, La única forma de colmar mi odio hacia mis "objetivos" es matándolos, igualmente es el destino que le espera a todo aquel que decida cruzarse con la organización. Estabas bien como un ser colaborador ciego, no como el roedor imbécil en el que te decidiste convertir. Se levantó de la mesa tranquilamente, arreglo su taza y tomo sus servilletas para usarlas para que absorbieran lo que quedaba de café derramado sobre la mesa. Se ajustó su ropa para quitarle las arrugas hechas por haberse sentado y reviso el tiempo en su celular. Al poner el celular en su bolsillo, Héctor comenzó a ponerse las manos en su pecho, su boca tratando de tragar aire desesperadamente. Fuertemente cae de rodillas, todavía tratando de obtener algo de oxígeno para su cuerpo y fallando en cada intento. Colapsado finalmente sobre el suelo viendo el techo blanco de aquel local se acerca la visión de la cara de aquel que algún momento fue su amigo el cual alcanza por un pañuelo con un bordado de calaveras en su bolsa trasera el cual fue cayendo lentamente sobre su cara.


-Límpiate la espuma de la boca Héctor no seas tan chancho, suficiente desorden tienen aquí los agentes con limpiar la alfombra y desechar tu cuerpo...

Re:



Re: No resisto.



Judith Castejon

vie 10/06/2016 08:51

Hola, aquí voy...  no me sorprende tanto leer un correo tuyo, ni los tonos, ni la hora, todo es tan absurdamente familiar, sin embargo para mi solo eres un desconocido, un extraño...

No entro en detalles, mi vida es tan distinta ahora, soy una persona tan distinta, perdida y estoy tan bien con ello, tan bien, me descubro día a día, en atardeceres, en rincones, en risas, en tanto... No colapso, no me fuerzo en la historia de alguien, disfruto estar fuera de las lineas, las mejores historias no han sido escritas... no me aburro de sentir, de estar viva, he visto cosas asombrosas, me he sentido completa estando tan sola, y sigo teniendo una simple certeza en esta vida, ésta, la única que tengo y que me pertenece, que nunca más voy a estar contigo, que nunca te voy a sentir, ni pretender amarte por siempre, serás un error que fue, un conjunto de cosas vergonzosas de cuando creía un día amar, fui tan absurda que me burlo del viejo yo y a la vez me siento tan orgullosa de sobrevivir a mi misma, no vi algo en vos, introduje mi vacío a tu existencia, y hoy, mañana, no estás, no te evoco, no te siento, no te necesito, no muero por ti, tampoco me arrepiento, no me tomes a mal, como hombre, como humano, con vos supe de una forma tan abrupta lo cruel que puede ser este mundo tan ''mundano'' tanto, tanto, que ahora no me duele perderme en ello, en dejar que descaradamente me besen el hombro antes de dormir, de darle al alma lo que quiere y al cuerpo lo que necesita, mientras me duermo sin pensarte, sin que me maten mentiras sin piedad, sin promesas, sobre todo sin mentiras, porque simplemente no se necesitan, sin sentir más ese dolor en mi garganta y en el alma, de estar sin vos, tengo tan claro cuán errada estaba, aferrándome en aquel entonces, eso, todo eso es tan lejano y tan tuyo, tus círculos viciosos, todo vos, está tan claro para mi, claro y de forma tan definida...

No te odio, no más, no llevo cosas ocultas dentro, y si un día por lo inmenso que es el mundo me toca que te detengas un segundo en mis ojos, y si te sumergiese la vida en ellos como aguas conocidas, sé, te prometo, que no vas a encontrar nada en ellos, nada de aquello que alguna vez mis ojos te brindaron, a ti, solo a ti, porque incluso si mi piel hablara sabrías que no queda nada de ti, cada milímetro de mi ser, centímetro a centímetro, sabrías, yo lo sé, tendrías la certeza que nada queda y que nada te pertenece.  Si hay mucho de mi en ti, es porque tampoco es mio, ya no me pertenece, me desprendí de ello a mordidas, a nuevas maneras, desde nuevos rincones, con frío, con calor, y seguro con nuevos amaneceres y sintiendo, pasando mi vida tan rápido, seguro, un día me encontraré y se sentirá incluso tan bien como ahora que estoy perdida.

Desde un rincón de Alaska, en un pueblo que casi puedo llamar casa por como se siente, sin llorar después de un orgasmo, alma fuerte, manos suaves, voz ronca...

Nunca más tuya
Judith

Agridulce

     Encontraron su cuerpo inerte postrado en una silla de madera en medio de la sala. La boca abierta lo más posible y el resto de su cara viendo hacia el techo. Su postura era incomoda pero relajada, sus piernas extendidas y abiertas, sus brazos caídos como si se hubieran rendido desde mucho antes.El aire era liviano con un leve olor a putrefacción, llegaron a tiempo, el cuerpo conservaba todavía algo de frescura. Entre más se acercaban el olor se intensificaba. Al inspeccionarlo más cercanamente pudieron concluir que ese aroma fétido venia directamente de su cavidad oral. No solo era el mal olor lo resaltable de ese cuadro grotesco, había algo que faltaba. A esa cara, mejor dicho a esa boca se le había removido su lengua. Podría agregarse a ese detalle el hecho que fue un trabajo muy malo, esa extirpación de lengua. Parecía que fue jalada bruscamente hasta arrancarla. Vaya sadismo.

En su muñeca había un brazalete, de hierro muy sencillo. No tenía decoración o mensaje alguno. Tan solo el número de identidad del propietario y un número de teléfono. La lógica les dijo que tenían que llamar a ese número lo cual hicieron. Después de una breve espera alguien contestó. Era una secretaria, del consultorio de un psiquiatra. Se le explico que tenía al parecer un paciente muerto, no ocupo más explicaciones y en veinte minutos llego al lugar de los hechos. Examinó el cuerpo sin vida. Tomo unos apuntes en una libreta pequeña con un bordado de cuero negro. Su bolígrafo era muy estilizado, de un color plateado que parecía brillar más entre se le daba uso prolongado. Cerró su libreta y la guardo en su bolsillo de pantalón izquierdo mientras nos daba una mirada desconsolada y confundida. Nos explicó que ella era un paciente reciente, no más llevaba dos citas con él. La razón era porque constantemente tenia sueños en los que su orgullo se manifestaba y le mataba a golpes, otras ocasiones soñaba que una lengua gigante se enrollaba en su cuerpo y la presionaba hasta hacerle explotar en sangre. Siempre que tenía estos sueños se despertaba con gran dolor en su pecho.Quiso seguir explicándonos pero todo eso tuvo que ser puesto en pausa al ver que el cuerpo de esa mujer comenzaba a expandirse, específicamente en el área torácica. El crecimiento seguía de manera agresiva, hasta que lo que en nuestras esperanzas mórbidas esperamos que no sucediera se dio a pasar, y su pecho estalló. Inmediatamente toda esa sala estuvo cubierta de sangre y de manera inexplicable, de cientos de lenguas.

La labor de limpieza iba a ser ardua y duradera. Aquellas tres personas agradecieron que ellos no tenían que ver con ese delicado y hermoso proceso del levantamiento de cuerpo. Los encargados de la morgue y policía tardaron unas buenas tres horas en recoger todas las lenguas, limpiar la sangre y bizcochos de carne en toda la sala, después de todo estaban en la residencial más prestigiosa de la ciudad modelo que justamente llevaba un mes de abrir sus puertas al mundo exterior. Este es el tipo de cosa que no puede salir al descubierto, ya se podían imaginar el ciclón caótico de los medios. Ese día solamente se iba a reportar un atasco de tráfico por la zona, nada más, nada menos. El sol desapareció y con ello el Doctor y los oficiales terminaron sus informes y cada quien partió a sus respectivos lugares. El Psiquiatra pues, iba rumbo a su casa. Los oficiales sin embargo tenían una larga noche de contar lenguas para asistir el reporte forense. El conteo preliminar eran ciento y tres lenguas que salieron de la cavidad torácica de la “paciente”, ahora solo era de llegar a la jefatura y confirmar que ese dato fuese cien por ciento certero.

El camino a la jefatura fue de mucha reflexión silenciosa. Ellos habían visto muchas cosas “extremas” en sus labores pero nada como lo que hoy había ocurrido.
-       “Y pensar que al principio solo íbamos a encontrarnos con un caso de algún tipo de Acumuladora que teníamos que obligar a que limpiara sus mierdas o si no que desalojara…”
Fue lo único que se dijo en ese automóvil. Fue lo único que valía la pena recordar.
Sonaron las 9pm. Y eran noventa y nueve lenguas contadas. Aquella pareja no sabía si era la hora, el estrés psicológico de ese día o la cafeína degastada en su sistema que ya los estaba empujando al delirio y cansancio, pero la idea de cumplir con esta tarea bizarra los llevo a completar aquella labor, solo para realizar que faltaba una lengua.



     En otro lado de aquella ciudad, en una oficina o más bien consultorio dos personas se reunían y discutían como amistades antiguas que tenían siglos que relatar.
-       “Hoy si tengo un manjar para usted!”
Exclamo el Doctor mientras lentamente deslizaba lo que parecía ser un paquete envuelto en papel barato, como en el que se envuelven las panaderías de las tiendas de conveniencia de barrio.
-       “Eso espero, llevo meses sin probar algo que valga la pena”
Dijo el hombre misterioso mientras abría aquel paquete como si fuese un niño en navidad.
-       “Lengua, ya he comido lengua varias veces, me ha decepcionado nuevamente doctor.”, dijo de manera seca.
-       “ Al contrario mi estimado! Esta lengua no es normal! Esta lengua está cargada de culpa y de orgullo, una mezcla agridulce que definitivamente le dará un sabor inimaginable! Es más, esta lengua estuvo bañada tanto tiempo en esos sentimientos que si usted le apretase de lo más gentil notara que hasta jugos aromáticos brotaran de ella!” , refuto el doctor.
Aquel hombre presiono la lengua como le fue indicado, y sus ojos se abrieron. Sus pupilas se dilataron al extremo. Lo que el doctor le dijo era cierto, aquella lengua era jugosa y desprendía un olor que sus receptores no sabían identificar.  No hubo más comunicación entre ellos, inmediatamente el hombre le dejo una maleta con una cantidad de billetes suficientes para darle una vida digna a una persona por un año. Finalizada la transacción el doctor dejo ir un grito repentino a su cliente que estaba ya por cerrar la puerta del consultorio,

-       “Recuerde! Este tipo de comidas deben de acompañarse de un buen vino tinto!” 

El oficio de ser sombra



El oficio de ser sombra (x)

Zarpo en navíos fantasmas, contemplando
un calendario donde no habita el mañana.
Palabras sin dueño envejecen a mi lado,
asumiendo que hay caminos que recorremos
buscando únicamente tropezar.

En largas jornadas de aburrimiento y
coprolalia hurgo tras puertas de arena,
intentando averiguar quien habita dentro
de mí desde el día en que incluso
las palabras más dulces ardieron.

Magnifico aquella vez en que le dije
"ojalá me corresponda de ahora en más
derramar luz solar sobre tus días".
Hoy que ejerzo el oficio de ser sombra,
¿Dónde pongo a secar mis cenizas?

Con la inefable tristeza de una caja de música,
aprendí que estar los dos en el mismo lugar y al
mismo tiempo no siempre equivale a estar juntos.
Cuando los minutos en vez de pasar, se desgranan,
el ocaso llega con alucinante puntualidad.

Ambos amábamos la soledad. Ella, entre el gentío;
yo en mis pensamientos viajando a contramano.
Solía subrayabar los instantes de felicidad
como un estudiante aplicado. Juntos fuimos
poesía; por separado, solo somos palabras.

Tirábamos el alma por la ventana en cada otoño,
ensayando una coreografía de posturas erróneas.
Rodaba la vía láctea por sus mejillas, con la
maligna ternura de un ritual de besos inoportunos.
Somos apenas un pasado que reniega de sí mismo.

Quiero abandonar el vicio de masticar tinieblas,
en esta madrugada de lluvias prematuras, pero solo
puedo tomarme una foto de pie junto a su ausencia.
Asumo los primeros embates de la nostalgia
de un llanto que no supo llorar a tiempo.

Se escucha el impacto del peso de nuestras
mentiras que siguen cayendo al piso.
Pacientemente las junto, hechas añicos,
pues son los pocos recuerdos que conservo
de los inescrutables designios de su proceder.

Por fin puedo identificarla, ladrillo
en el mural de mi pesadumbre.
Cae la noche con su inevitable
séquito de sombras y el tiempo
marchita la flor de los instantes.

Leo los mismos libros con ojos más viejos,
mientras añoro el corazón que la añoraba.
Tiempos aquellos de gastar minutos en ser
felices, con el alma escapando de la maleta.
Anochece más temprano sobre mis sentimientos.

No logro ser neutro, cauteloso, equitativo.
Siempre espero hasta llegar al precipicio
para buscar escaleras de emergencia.
Tenía penas incultas hasta que aprendieron
a doler; abyección de ignorar ciertos errores.

Esta forma de vivir que muere dentro de
mis huesos bien sabe que no siempre
fui digno de los instantes a su lado.
Hablábamos de los dos como quien
observa a la distancia una tragicomedia.

Con un invierno que se me congela en las
manos, un mal sabor de boca cosiéndome los
labios, y eternidades esculpidas sobre nubes:
¿Qué nombre le pongo a ese intervalo
infinito entre su diciembre y mi enero?

Mariano Torrent

(x) Publicado en el libro Apotegmas en el desierto