El Café


Tomó su taza de café y la pasó ligeramente debajo de su nariz, queriendo capturar el aroma de los granos que se utilizaron. Le dio un ligero sorbo a su taza, la temperatura era aceptable, no óptima, pero tampoco ofendía. Puso su café en la mesa de madera blanca frente a él y dijo,

- Para ser mierda barata no sabe a lo que pague por ella. Estos lugares a los que me traes sinceramente no tienen idea de cómo preparar lo que venden.

Frente a él estaba su amigo, compañero de trabajo, Héctor. Vestía unos zapatos de cuero negros lustrados a perfección, juzgando por el brillo podría decirse que fue hace no más de un día. Su pantalón negro era de tela con un planchado inmaculado, casi perfecto que hacia juego increíble con su camisa azul de solo fondo siendo decorada sutilmente por un pañuelo negro con diseños geométricos finos en su bolsa izquierda de la misma. Traía consigo una corbata de seda negra, pero esta la dejo en su automóvil ya que en sus palabras "Le recuerda al trabajo y no quiere estarse asfixiando una vez fuera de él". Era un hombre sofisticado a primera vista con ropa y pelo presentable, demasiado presentable, a un punto de exceder cualquier expectativa o norma. Al terminar de escuchar el reproche amargo Héctor respondió con una mirada de placer casi maquiavélico,

- De haber sabido que ibas a salir con una lengua fina hoy hubiera propuesto un lugar de más calidad, pero no creía sabio ir a esa aventura si implicaba gastar tanto dinero en un simple café. Además, dijiste que solo querías hablar de algo rápido después de salir del trabajo no veo chiste en hacer tanto protocolo si vamos a estar un periodo corto en X lugar.

- Tenés razón, respondió el mientras revisaba la hora en su teléfono celular. - Pero no le heches la culpa a mi agenda por tu tacañez. Ese codo tuyo brilla de lo liso que es, grandísimo agarrado. Guardo su teléfono en su bolsillo del pantalón izquierdo mientras contemplaba su taza nuevamente. Quería darle un sorbo más pero sentía que luego iba a lamentarlo tanto su gusto como su nariz cuando tuviera que orinar ese café y el hedor le recuerde lo fatal que fue esta experiencia gustativa. Sus ojos lentamente se enfocaron en Héctor y con esto comenzó nuevamente a hablar,

- Te traje aquí porque tengo una serie de preguntas que hacer, de antemano pido disculpas por hablar del trabajo a estas horas y no es mi intención ahogarte más.

- Vaya que considerado, respondió Héctor. - No te preocupes, porque sos vos voy a dejar que hagas esto.

- Gracias, respondió de manera simple, - Bien, sé que hace dos meses fuiste promovido en la división de almacenamiento. Sé que fueron dos meses porque no recuerdo haber tenido una resaca tan horrible como esa vez que lo celebramos. Como has de saber tu puesto es muy delicado ya que llevas control total de lo que entra y sale del área de mantenimiento, algo que en una compañía tan enorme para la que vos y yo trabajamos no es algo sencillo.

- Decímelo a mí, las primeras dos semanas solo dormía 4 horas al día, casi me muero. Comento Héctor.

- Si me imagino que fue algo difícil, en fin, traigo esto a luz porque hemos notado ciertas  irregularidades en tu departamento y queremos hablar sobre eso, agrego él.
El ambiente se había tornado tenso, y la plática se vio interrumpida por uno de los empleados del café que llego a servir una taza de té a Héctor. Parecía ser un té verde, levemente caliente y de un color muy vivido. Junto a la taza de té se le dieron dos sobres de azúcar, tres servilletas y una cuchara pequeña de acero inoxidable.

- Se me había olvidado que pedí eso para vos Héctor, dicen que él te ayuda a la gente a relajarse y pues esta platica se va a prestar a que te de algo de estrés, te aconsejo que le heches los dos sobres de azúcar ya que él té verde no es muy agradable así simple. A menos que comas limones como si fuera dulce de leche.

Héctor tenía una mirada seria como si estuviera juzgando a su amigo por hacer acusaciones falsas. Tomo los sobres de azúcar, los agito virilmente y los vertió en la taza. Revolvió la taza cinco segundos hacia la izquierda y cinco segundos a la derecha. En su mente siempre ha considerado que era la manera más óptima de disolver el azúcar en sus bebidas.

- Veras, estos últimos días hemos descubierto que ciertas cosas no llegan a su destino, y eso es muy alarmante. En cualquier organización cuando se sospecha de un caso de robo o fraude es algo serio, generalmente porque se pierde dinero, materia prima, ya sabes cosas esenciales. Pero en el caso de nuestra organización las cosas que se han estado "extraviando" son de una magnitud considerable, son bienes que, pues, no son tan fácilmente remplazables.

Héctor levanto la taza blanca, soplo levemente en ella y tomo un leve sorbo. Su cara se arrugo un poco, demostrando que el sabor de aquella bebida no era el más óptimo. También podían notarse unas leves señales de sudor brotando de su frente. Su mandíbula presionando levemente sus dientes.

- Al momento de promoverte Héctor, se hizo porque considerábamos que eras el prototipo de colaborador necesario para solo hacer el trabajo eficientemente y no cuestionar lo que pasaba por los reportes, que no iba a andar husmeando o buscando objetivos egoístas que irían a perjudicar a la organización, una carcajada lo interrumpe, - Vaya que equivocados estábamos! ¡Vaya que si quede como imbécil al haberte recomendado! ¡Que pasa Héctor! ¿Porque no decís nada? ¿Es que creías que no nos íbamos a dar cuenta?

Héctor bebió de su te nuevamente. Su ceño fruncido, ojos de ira enfocados a aquel hombre que tenía enfrente con sus manos entrelazadas y piernas cruzadas, con aquella postura que demostraba paciencia y al mismo tiempo le estaba retando.

- ¿Y qué putas me querés decir con eso?

Las manos de Héctor sonaron la mesa con gran fuerza, ambas tazas de líquido derramadas sobre ella, dejando caer leves gotas que definitivamente estropearían la alfombra debajo de la misma. Una alfombra muy bonita por cierto, con pinta de costar mucho.

- Pues, lo que te quiero decir, aparte que vos vas a pagar por esa alfombra por andar de loco es que tenemos razones fuertes de creer que vos sos el que esta detrás de estos movimientos irregulares en la organización. ¿Qué putas quiero decir te atreves a gritarme? El rol de actor no te va muy bien amigo. Tu cara y todos tus movimientos me dan a entender que estas más incómodo y mentiroso que ofendido. Te falta escuela si querés mentirme a mí de esa manera tan ligera. Te excediste Héctor, ¡probaste el maíz del granero del granjero, vos simple rata, y quedaste adicto a él! ¿Acaso esperabas que no se pasara por alto como de la nada tu ropa, tus accesorios, tu carro, las nuevas rejas ornamentales de titanio bañadas en oro de tus ventanas que también las cambiaste por ventanas a prueba de balas lo miráramos como que solo estabas cambiando tu estilo de vida?

El semblante de Héctor, casi rojo de la furia impuesta por instinto agresivo para tratar de disuadir a su ahora enemigo tomo una tonalidad más pálida. El sudor antes acumulado en su frente comenzó a correr, dejando un rastro gélido por su cara, sus pelos en los brazos erizados, el aire alrededor de él cada segundo más frio. Jamás se había sentido tan descubierto, vulnerable, desnudo. Su respuesta solamente unos parpadeos perplejos los cuales fueron la señal para que el continuara.

- Te odio sabes, y la verdad es que lo aprecio. Dicen que del amor al odio solo hay un paso de diferencia, que es una línea bien delicada. Puedo decir que es cierto, es más te puedo comentar que elemento es el que lleva a que ese dicho sea tan real. Es la obsesión. Veras Héctor, cuando descubrimos que había una rata a mí se me dio la tarea de investigar a todos los sospechosos. Para investigar a alguien primero hay que conocerle, hablarle, saber que le motiva, que le gusta, que odia, es obsesionarse por esa persona a niveles patológicos. Es saber su rutina diaria, es llegar hasta calcular cada cuanto inhala oxígeno para que respiren ambos al mismo tiempo. Pero no confundas esto que te estoy diciendo, no siempre te odie, antes eras un colaborador con el que tenía que fraternizar por obligaciones a las que firme en mi contrato, nada más. Mi odio hacia vos es más "profesional" que otra cosa, es lo necesario para que pueda cumplir con mi labor. Debo decir que no sos una persona tan aburrida "Jectorr" como te dice tu familia. Nunca te pudiste zafar ese apodo de niño cuando todavía no podías hablar bien, fue bien chistosa la historia de cómo surgió ese nombrecito tuyo, por cierto tu mamá hace buen café, no como esta mierda que venden aquí.
Héctor dio señales de querer decir algo al escuchar la mención de su madre, pero antes que pudiera emitir palabra fue interrumpido,

- No te pongas ansioso amigo, tu mamá no sabe que estas siendo objeto de investigación, bueno, que sos culpable de ser ratero. Ni tu papá, ni tus dos hermanos, aunque igual hace más de cinco años no hablas con ellos desde que ambos se fueron del país y vos ni te dignaste en hablar con ellos solo porque te deben dinero o alguna estupidez de ese tipo. Tampoco le dije nada a tus exnovias ni a esas dos compañeras de trabajo que te estas fornicando semana de por medio. Te tengo que admitir que fue difícil no tirarme una carcajada cuando una de ellas me conto de tu "accidente" en la cama, "Míster flácido". No le pongas mente a eso, aunque te odie tampoco estoy buscando destruir tu imagen con todos tus círculos sociales, por mas efímeros o cercanos que sean. No tengo necesidad de nada de eso, como también agradezco que ya puedo dejar de levantarme a las 4:00AM para ver tus patéticos intentos de caminata o trote o lo que queras decirle a ese ejercicio inservible que haces tan temprano. Toda esa ropa deportiva carísima para que ni un Kilómetro podas hacer de trayecto, mala inversión de mí tiempo. Ni digamos como compras esa cantidad de comida que solo guardas en tu refrigerador y que al cabo de la semana terminas tirando porque nunca la cocinas, ¡para nada tenés estufa! Ya de nada te sirve poner esa cara, se todos tus movimientos, sé a qué hora haces todos, se hasta que hora vas a pegar tus cagadas millonarias después de que te hartas ese sushi de mala calidad y estafador del negocio de la esquina. Claro, no solo tu vida personal en particular la tengo registrada, yo sé a qué horas mandabas las cajas que querías hacer perdidizas, igualmente sé que programa usaste para enmascarar los movimientos en los reportes, porque de paso el dinero si te hizo idiota en todos los niveles que hasta una simple cámara no pudiste notar cuando hacías todo eso. Maldito pendejo.

- ¡Sos un hijo de puta! grito Héctor. - ¿Qué clase de locura es esta? Me vas a decir a que vos te pagan por andar de Sherlock Holmes? ¡Ja! ¡Menuda estupidez! Además, ¿con que seguridad podes decir que estas acusaciones son factibles? Vos estas buscando que del miedo te diga que sí, estás buscando incriminarme! Pero bueno, vamos a ver que tienen que decir los de relaciones laborales acerca de esto, agrego mientras sacaba su celular para hacer la llamada.

- ¿Para que vas a llamar?, le dijo de manera retadora. - ¡Si Fernando y Enrique me dijeron que vos eras el último paso en la movida que se tenían!

 El teléfono de Héctor se cayó al suelo después de escuchar eso. Como un ratón atrapado en el ciclo mortal del juego del gato, no había salida, solo restaba seguir escuchando las palabras de su verdugo. Las verdades que se deslizaban de su lengua como alfileres cada vez más enterrándose más profundamente en su pecho.

- Veras "Jectorr”, a nuestro jefe granjero no le agrada que se metan a su granero a comerse sus cultivos. No supiste conformarte con las migajas que te tocaban digerir como la rata que sos. Aclaro que son buenas migajas, ¡el setenta por ciento de la población laboral de la organización hubiera matado por ese trabajo! Y vos solo supiste hundirte en avaricia y causar daños casi irreparables hacia nosotros, ¿o qué?, ¿En serio estabas bajo la suposición de que se iba a ignorar el hecho que le vendiste Un gorila altamente inteligente al zoológico de la ciudad modelo? ¡Que para rematar mandaste en combo con los leones alterados! Todos los altos mandos están con la esperanza que no haya un desastre en ese zoológico, ¡y lo haces en el peor de los momentos! ¡En el momento que perdemos contacto con el Laboratorio Zeta! Las unidades Hound son bien caras, ¿sabes? ¡Pero claro que no sabes! Porque vos de rata no tenés que estar al tanto de esas cosas, ¡solo tenías que hacer tu puto trabajo! Ni voy a mencionar las partes de reemplazo para los soldados "Basset" que también "perdiste", y hay muchas más cosas pero no estamos para detallar eso. Solo quiero que me digas porque lo hiciste, ¿porque accediste a este trato tan estúpido con aquellos dos idiotas? Te odio mucho Héctor, unos diez gramos más de lo que odie a Fernando y a Enrique, sus vidas no eran tan interesantes. Por eso con ellos no me tome el tiempo antes de "Despedirlos".

Héctor se paró inmediatamente de la mesa. Tenía un gran ciclón de emociones y pensamientos corriendo violentamente dentro de él. Él sabía que no era un simple despido, llevaba semanas queriendo contactarse con ellos, hacía ya días no aparecían en el trabajo. El quería correr, eso quería hacer su cuerpo, pero el yacía inerte como una estatua de marfil.

- Después de todo lo que te he dicho, tu cerebro ha de ser capaz de asumir que esos amiguitos tuyos están bien muertos y enterrados. Nadie sabe obviamente, lo bueno de mi trabajo es que puedo hacerlo sin preocupación de llamar mucho la atención de entes que harían esto más difícil. Quiero que sepas, La única forma de colmar mi odio hacia mis "objetivos" es matándolos, igualmente es el destino que le espera a todo aquel que decida cruzarse con la organización. Estabas bien como un ser colaborador ciego, no como el roedor imbécil en el que te decidiste convertir. Se levantó de la mesa tranquilamente, arreglo su taza y tomo sus servilletas para usarlas para que absorbieran lo que quedaba de café derramado sobre la mesa. Se ajustó su ropa para quitarle las arrugas hechas por haberse sentado y reviso el tiempo en su celular. Al poner el celular en su bolsillo, Héctor comenzó a ponerse las manos en su pecho, su boca tratando de tragar aire desesperadamente. Fuertemente cae de rodillas, todavía tratando de obtener algo de oxígeno para su cuerpo y fallando en cada intento. Colapsado finalmente sobre el suelo viendo el techo blanco de aquel local se acerca la visión de la cara de aquel que algún momento fue su amigo el cual alcanza por un pañuelo con un bordado de calaveras en su bolsa trasera el cual fue cayendo lentamente sobre su cara.


-Límpiate la espuma de la boca Héctor no seas tan chancho, suficiente desorden tienen aquí los agentes con limpiar la alfombra y desechar tu cuerpo...